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MITA'AM - A Review of Literature and Radical Thought, Edited by Yitzhak Laor

 

STEEPED : In The World of Tea. A Literay anthology

 

Charla:

La Palabra en tiempos de crisis

La siguiente presentación de Yael Lerer tuvo lugar en el marco del Congreso de Escritores europeos (EWC) y de la Unión de Escritores chipriotas (CWU) transcurrido en Chipre del 5 al 7 de noviembre de 2004, con el nombre de Mare Nostrum III: El Mediterráneo: ¿Aguas divisorias o terreno en común?. El papel de la literatura y los escritores en un mundo en conflicto.

Yael Lerer

16 Nov. 2004

El título de esta sesión es “La Palabra en tiempos de crisis” y he sido invitada en calidad de ciudadana israelí cuya ocupación es la traducción de literatura árabe al hebreo. Al recibir la invitación tuve la correcta impresión de que se me invitaba para hablar sobre NUESTROS tiempos de crisis, o sea, de la crisis entre israelíes y palestinos. No obstante, antes de abordar LA PALABRA en tiempos de crisis me gustaría referirme a LA CRISIS EN SI. En Israel/Palestina no se viven tiempos de crisis, se vive es un conflicto permanente entre colonizadores y colonizados, entre ocupantes y ocupados, entre privilegiados y parias.

El conflicto tiene sus raíces en el sionismo y su ideal de “una tierra sin gente para una gente sin tierra”. Este ideal tomaría fuerza tras Al-Nakba, la catástrofe palestina que comenzó en 1948 con la expulsión setecientos cincuenta mil palestinos de su patria y que continuo tras la ocupación de Gaza y Cisjordania en 1967, que ya está llegando al final de su tercera década. Hoy se puede decir que la situación se esta “estabilizando” (si es que se puede utilizar tal término para referirse al horror continuo), en un régimen de tipo apartheid. Digo de “tipo apartheid” porque no encuentro otra manera de referirme a la política unilateral de segregación impuesta por Israel, la cual empieza por construir “carreteras para judíos” y “carreteras para árabes” (siempre y cuando éstos sean afortunados de tener una carretera vigente) y acaba por imponer diferentes caminos para casi todos los aspectos de la vida cotidiana.

Por lo tanto me resulta difícil referirme a la realidad actual como “tiempos de crisis”, como si se tratase de un lapso que rompe lo que de otra manera seria normal.

No obstante, no hay duda que la presente realidad es particularmente cruda. En el mes de octubre murieron aproximadamente 140 palestinos y otros 140 resultaron heridos, de ellos 25 menores de 18 años. El ejército israelí ocasionó daños al menos en 230 hogares al norte de la franja de Gaza, incluyendo la destrucción de 85 viviendas unifamiliares. Los israelíes codificaron esta operación, que fue más bien dos semanas de destrucción sin ton ni son, con el nombre de “Días de Penitencia”.

En el judaísmo los “Días de Penitencia” señalan los 10 días entre el año nuevo judío, Rosh Hashaña y el Día de Expiación Yom Kippur. Estos días deberían ser un periodo de introspección para todos los judíos en los que se pide perdón a amigos y familiares, así como a Dios. Estos son días de buenas acciones, de ruegos y oraciones. El Día de Expiación es la culminación de un proceso en el que se muestra arrepentimiento, se pide perdón y se muestra piedad. En Yom Kippur de 2004 el ejército israelí destruyó 45 viviendas en Gaza.

La operación "Días de Penitencia" comenzó cuatro días más tarde, en vísperas de Sukkoth, la Fiesta de los Tabernáculos que es también la tradicional fiesta de la cosecha del otoño. En Sukkoth la mayoría de los israelíes están de vacaciones y cientos de miles de personas atienden fiestas populares que se celebran en todo el país. Los medios de comunicación hebreos se llenan de imágenes de israelíes celebrando en los tabernáculos habilitados temporalmente para las fiestas y conocidos con el nombre de Sukkah. Por el contrario, son escasas las imágenes de los palestinos forzados a vivir DE VERDAD en cabañas improvisadas debido a la destrucción sistemática de sus hogares.

Como judía, esta realidad me es insoportable y me obliga a poner en tela de juicio, no ya mi trabajo, sino mi vida en Israel. ¿Cómo es posible oír tales noticias y a después llamar a los suplementos literarios para saber si se va a publicar una crítica de éste o aquél libro? ¿Cómo puede uno reprocharle a nadie que no sepa que Andalus, la editorial que fundé y dirijo, ha sacado un nuevo título cuándo no se ha enterado de lo que pasa en su propio vecindario? Como individuo y como ciudadana israelí juzgo más importante coger el teléfono para llamar a los editores de los diarios y preguntar porque omiten información sobre la continua masacre de palestinos en Gaza. Los lectores israelíes, antes de conocer literatura árabe, deberían conocer Y PREOCUPARSE por los crímenes que se cometen en su nombre. En momentos como estos lo único que se puede hacer es luchar contra la ocupación, de otra manera estaríamos normalizando esta situación inaguantable. Cuando digo “normalizar” me refiero a tratar lo anormal y lo intolerable como si fuera una rutina.

De hecho, llevamos más de un siglo en NUESTROS “tiempos de crisis”, que, como ya dije anteriormente, desde el Al-Nakba de 1948 estos tiempos se han convertido en un estado permanente de expulsión, desposeimiento, opresión y ocupación.

No tuve elección. Nací en este conflicto. También nací en el idioma hebreo, que es mi lengua materna, como es la de mis padres. Desde que empecé a tener conciencia adulta esta realidad me ha parecido intolerable y lo que es más importante, he tratado de asumir mi responsabilidad por ello. Soy la que expulsa, la que desposee, la que oprime, la que ocupa. Fui yo la que acribilló de 20 balazos el cuerpo de Iman al-Hams, una niña de 13 años originaria de Rafah. Soy yo la que tiene la llave que abre la verja del muro que separa a los niños palestinos de su escuela.

No obstante, en otro país y en otro idioma seria extranjera, un inmigrante. A pesar de mis críticas contra el sionismo, tengo la consecuencia de que pertenezco junto con otros tantos millones de hebreo-parlantes a una patria que se ha establecido sobre las ruinas de otra gente. Por tanto, es mi responsabilidad luchar por la igualdad civil y nacional entre árabes y judíos. Es mi responsabilidad trabajar por una reconciliación basada en el reconocimiento por parte de Israel del Derecho al Retorno palestino y por una vida de trabajo en conjunto, con justicia e igualdad. Desde mi punto de vista, la base para hacer realidad estas premisas debe pasar por la alternativa binacional. Hago cita al historiador israelí Amnon Raz-Krakotzkin para quien la alternativa binacional es la base para re-conceptualizar la realidad en que vivimos:

Lo binacional es ante todo una descripción de la realidad existente, ya que la distinción nacional entre judíos y árabes es el marco para la definición de esta realidad, el binacionalismo reúne los requisitos exigidos para desmantelar los mecanismos por los cuales el colectivo judío ejerce control sobre el colectivo árabe. La propuesta binacional plantea un debate que integra varios aspectos de la así llamada “cuestión palestina”, los cuales solo se suelen plantear por separado: los territorios ocupados, los refugiados, los ciudadanos palestinos de Israel y el futuro del colectivo judío en Israel y con sus vecinos árabes.

Cito a Raz-Krakotzkin:

“El debate tiene un único matiz: la cuestión de los judíos y la cuestión de los árabes. No se puede hablar de los derechos de los judíos sin hablar de los derechos de los palestinos. De igual manera, no se puede admitir que se discuta por separado la ocupación y el carácter judío del Estado de Israel como si se tratase de dos problemas diferentes. El cambio solo será posible cuando se debatan los dos aspectos conjuntamente.”

Raz-Krakotzkin no se refiere al término binacionalismo como una alternativa a la creación de un estado palestino único sino como una alternativa al principio de “separación” que ha sido parte del sionismo desde su fundación. Ehud Barak, el último primer ministro laborista en el poder, aludió cínicamente a este principio en su campaña electoral al apropiarse descaradamente del eslogan de derechas: “¡NOSOTROS estamos aquí y ELLOS están allí!”. NOSOTROS se refiere a los judíos y ELLOS se refiere a los árabes. Israel ha adoptado la separación como LA condición previa para la “paz” y como un requisito indispensable para reconocer el Estado Palestino. En consecuencia Israel, con el pretexto de retirarse de los Territorios Ocupados, ha intensificado la ocupación por medio de la expansión de los asentamientos, la creación de carreteras de circunvalación y la confiscación de gran cantidad de tierras para incrementar la separación. El muro que se está erigiendo a lo largo y ancho de Cisjordania es el ejemplo más patente hasta el momento de este prefecto.

Hago cita a Raz-Krakotzkin de nuevo:

“El binacionalismo tiene su sentido más amplio en la cuestión del árabe-judío y su objetivo es contrarrestar el paradigma orientalista que enfrenta las dos identidades entre sí. En cualquier caso este paradigma sirve de base para definir la cultura israelí… La categoría árabe-judía no solamente implica una identidad que fue y aún es la base para la conciencia de los judíos árabes (es decir, los judíos originarios de tierras árabes), sino que también sienta las bases para la definición de la conciencia de todos los israelíes, la nueva base para una identidad israelí cuyo derecho a existir debe basarse en su existencia en el mundo árabe. Mientras que la premisa argumentada por los israelíes se siga basando en la dicotomía “árabe contra judío” será imposible encontrar una alternativa apropiada. Por tanto, la premisa “árabe-judío” incita a la colaboración que pasa por la descolonización de la identidad judía en cualquier sentido o contexto.”

Ediciones Andalus se guía por este principio binacional ya que asumimos que la única posibilidad de vivir es la convivencia con Palestina y con nuestros vecinos árabes. Por supuesto esta convivencia debería incluir una colaboración cultural y literaria. Andalus trata de lograr puntos de encuentro entre las lenguas y literaturas hebrea y árabe y los mundos (y las palabras) que éstas transmiten. Andalus intenta incluir la literatura árabe en la experiencia hebrea, intenta crear un avenimiento de textos, un espacio cultural intermedio que desdibuje las fronteras sin las dificultades del Orientalismo, que crea distancias en vez de sensación de cercanía. El desdibujamiento de las fronteras implica resistirse al dictado hegemónico de separación y la negativa a aceptar la dualidad árabe contra judío.

Ediciones Andalus trata de evocar el pasado común judeo-árabe. El Ándalus fue el sitio de la “época de oro” del pensamiento judeo-islámico, el lugar donde las culturas árabe y judía se alimentaron recíprocamente y crecieron una con la otra. Esta fue una época reconocida por la producción intelectual y literaria de algunos de los mayores filósofos, teólogos y poetas musulmanes y judíos. Fue esta una época en la que se traducían textos y se intercambiaban ideas libremente del árabe al hebreo y viceversa.

Andalus se fundó unos pocos meses ANTES del comienzo de la actual intifada. Debo admitir ante ustedes que a pesar de mi aclaración al comienzo de esta charla, el sentimiento de crisis en el que llevamos desde octubre de 2000, los asesinatos a diario y el descenso en picada de Israel al fascismo hubiesen hecho imposible la creación de Andalus de haber ocurrido unos meses DESPUES. Lo que quiero decir es que todavía me quedaba aprender a aceptar el horror como una situación continua, aunque cuando no lo es y es peor cuanto más tiempo pasa.

Entre 1932, año de la publicación en Tel-Aviv de la traducción hebrea de Al-Ayyam (Los Días) de Taha Hussein realizada por Menahem Kapeliuk y el año 2000, se tradujeron menos de 40 obras árabes de ficción al hebreo. La mayoría de estas fueron escritas por autores de nacionalidad egipcia o palestina (antes de la creación de Ediciones Andalus no fue traducida del árabe al hebreo ni una sola obra de autores sirios, iraquíes o de África del norte. La obra del escritor marroquí Taher Ben Jaloun, así como otras, se tradujo al hebreo del francés) y tan solo tres de las obras publicadas fueron escritas por mujeres: las palestinas Sahar Khalife y Fadwa Tuqan y la egipcia Nawal al-Sa'adawi.

A pesar de haber visto sus obras traducidas a innumerables idiomas y ser conocidos entre los lectores árabes, los escritores contemporáneos árabes pasan inadvertidos para los lectores hebreos. La única excepción es el premio Nobel egipcio Nagib Mahfouz. Autores como el nubio Sunallah Ibrahim, el sirio Zakaria Tamer, los libaneses Hanan al-Sheikh y Elias Khoury o el difunto escritor judeo-iraquí Samir Naqash, cuya obra en árabe se publicó desde su casa en Petach Tiqva, Israel, no son conocidos por el público israelí y tampoco lo es su extensa obra literaria.

Aún cuando Israel está situado en medio del mundo árabe, a los lectores en lengua hebrea no están expuestos a la cultura árabe en general y la literatura y la filosofía en particular. Hasta hace poco era imposible encontrar traducciones de narrativa árabe que permitiesen al lector hebreo familiarizarse con las complejas experiencias que definen la vida de los habitantes de sociedades árabes.

¿Qué podría ser más normal que traducir la obra de Hanan al-Sheikh o Hoda Barakat al hebreo? Llegados a este punto no encontramos con la paradoja más grande. A pesar de que en Andalus actuamos de acuerdo con la noción de tratar de normalizar la existencia de los judíos en el mundo árabe, hemos de preguntarnos constantemente si actuar o no actuar “con normalidad” también crea una sensación de normalidad en la situación actual, la cual, tal y como ya he dicho con anterioridad, no solo no es normal sino que intolerable.

La cuestión de la normalización, o sea crear esta sensación irreal de normalidad, no nos preocupa solamente a nosotros. En mayo de 2001 tras la petición de Andalus a varios escritores árabes de traducir y publicar sus obras, se abrió un intenso debate en las páginas de la prensa árabe entre escritores e intelectuales sobre la traducción literaria del árabe al hebreo, intentando de reexaminar la cuestión de la normalización cultural.

El difunto Edward Said se mostraba implacable a la hora de criticar a los escritores árabes opuestos a la traducción de sus obras al hebreo. Said escribió en las páginas virtuales del diario on line Al-Hayat:

"Tomemos la reciente campaña contra la traducción de literatura árabe al hebreo. Hubiésemos pensado que cuanta más literatura árabe se publique en Israel, mejor podrían los israelíes vernos como personas y dejar de tratarnos como animales o como menos-que-seres-humanos. En vez de esto tenemos que ver con bochorno como renombrados escritores árabes denuncian a sus colegas por “permitirse” el lujo de “normalizar” con Israel, que es una idiotez que se utiliza para acusar de colaboración con el enemigo. ¿No es el caso, tal y cómo apuntó Julien Benda, que son los intelectuales son los que deben ir en contra de las pasiones colectivas en vez aceptarlas demagógicamente? ¿De que manera es una traducción al hebreo un acto de colaboración? La traducción a otro idioma es siempre y en cada caso una victoria para el escritor. ¿No es esto más deseable e inteligente que la cobarde “normalización” de los países que mantienen relaciones diplomáticas y económicas con el enemigo, aún cuando el ejército y las fuerzas aéreas israelíes matan palestinos cómo si fueran moscas? ¿No es posible que la traducción de literatura árabe al hebreo sirviese, dentro de un marco cultural, para penetrar de manera positiva en la vida de Israel y que la cólera diese paso al entendimiento, sobre todo cuando son los propios editores israelíes los que han publicado las traducciones como un símbolo de protesta contra la brutal política hacia los árabes de Israel?”

Aunque estoy de acuerdo con todo lo que dice Said, debo decir que como pasa el tiempo (el de crisis y el de crisis agudizada) soy cada vez más pesimista y las respuestas a esta pregunta me son menos claras.

 
 

Yael Lerer es el la fundadora de Editorial Andalus, editores de literatura árabe en hebreo. Traducido al español por Marisa Conde (lupitafitzcarraldo@yahoo.co.uk)